En Agosto de este año tuvimos la visita en Chile del pediatra catalán Carlos González. El Doctor González, famoso por sus libros “Bésame mucho”, “Mi niño no me come” y otros manuales de crianza, visitó por primera vez nuestro país invitado por la Unicef y el Programa de Gobierno de Atención a la Primera Infancia Chile Crece Contigo. Vino a hablar con profesionales y padres sobre la necesidad de realizar cambios en los paradigmas de crianza de los niños y niñas, especialmente en lo que se refiere a la comprensión de su comportamiento, el manejo de las pataletas, el llanto, sueño y la alimentación/lactancia.
Los postulados del doctor no son nuevos, y suenan mucho a sentido común, amor y respeto. Sin embargo, pueden parecernos extraños y chocar con las ideas y paradigmas de lo que es la “buena crianza”, en los que hemos crecido gran parte de los que ahora somos padres, madres y profesionales trabajando con niños y niñas. Son los postulados de la crianza afectuosa, crianza natural, o crianza con apego. Aunque en muchas culturas no tiene nombre y es solo la manera de criar y vincularse con los niñ@s: lo que a uno como padre o madre le nace hacer. Pero el paradigma cultural en el que hemos crecido nos socializa en base a otras ideas, en las que el niño/a aparece conceptualizado casi como un animalito al que hay que domesticar, que no sabe lo que es bueno para él, o incluso un “enemigo” ante el cual es necesario mostrar firmeza para evitar que nos manipule con sus llantos y pataletas.
La crianza con apego intenta volver a lo básico de la crianza y del por qué tenemos hij@s: el amor. Y eso es justamente lo que sostiene, que los criemos en base al amor y al afecto. Es una invitación a comprender la conducta infantil como el principal modo que tienen los niños de comunicar sus necesidades y estados emocionales, y nuestra tarea como padres el escuchar y acoger esas necesidades, tal y como nos gustaría que hicieran con nosotros. Invita también a no intelectualizar tanto nuestra conducta sino que dejar que fluyan la intuición y el saber materno y paterno que todos tenemos pero que está cruzado por las creencias, mitos e ideologías en torno a la crianza que tenemos como cultura.
De esta manera, la crianza con apego nos invita conectarnos con nosotros mismos y con quienes nos rodean, con lo que disfrutamos haciendo, más allá de los beneficios que se supone acarrea. Como ejemplos concretos, a que pasemos tiempo con nuestros niños no porque es bueno para su desarrollo sino que porque lo disfrutamos. Que si lloran y nos nace abrazarlos y consolarlos lo hagamos, sin pensar en que eso es malcriar. Que si nos piden atención y tiempo se los demos, sin pensar que nos están manipulando. Que los tratemos con respeto y cariño, tal y como queremos que nos traten a nosotros y como esperamos que ellos traten a los demás.
La crianza afectuosa o crianza con apego involucra mucho más que técnicas de manejo del comportamiento infantil o de las dificultades que se les presentan a los padres y madres en la crianza. Implica una visión de las relaciones humanas, de lo que queremos como sociedad y como país. Como sostienen sus más férreos defensores “la crianza con apego es mi manera de cambiar el mundo”.